La historia de Robin

Robin era el pollito más pequeño de una pareja primeriza. Tuve que sacarlo a él y a sus dos hermanos mayores del nido para empapillarlos porque se estaban quedando muy retrasados en el crecimiento, lo cual me hacía pensar que los padres no los alimentaban bien.

Como Robin era muy pequeño todavía, le di papilla neonatal hasta que alcanzó un buen tamaño, luego lo pasé a la papilla normal.

Era muy tragón, así que cuidaba de no pasarme en la cantidad de papilla que le daba, pero un día se le paró el buche. Empecé con los primeros auxilios: agua calentita y masajes en el buche, pero no sirvió de nada. Era domingo, así que si quería llevarlo al veterinario tendría  que ser al de urgencias y nos saldría caro, pero de todas formas lo llevamos a una clínica de nuestro pueblo. De allí nos enviaron a una clínica de Elche, un hospital especializado en exóticos al que ya hemos llevado varias aves a pesar de que nos para un poco lejos: "Exóticos La Marina".

Robin tenía una parada de buche y tuvo que quedarse unos días ingresado. Nos dieron un tratamiento y una dieta especial y en poco tiempo estaba mejor y comía solo, así que lo pasamos con sus hermanos.

Pasaron unos días y nos dimos cuenta de que Robin estaba desmejorado y había perdido peso. Decidimos ponerlo en una jaula aparte para vigilarlo mejor, pero no mejoraba. Lo llevamos a otro veterinario de nuestro pueblo, pero fue una pérdida de tiempo y dinero: el tratamiento no le hizo nada. Mientras tanto Robin había pasado de pesar 100gr. a 63 y estábamos muy asustados, así que volvimos a llevarlo a "Exóticos La Marina". Robin volvió a ingresar y le hicieron varias pruebas y análisis.

Dos días después hablé con el veterinario y me contó cómo habían salido las pruebas. Robin tenía muy mal el hígado y los riñones. Solo se le podría alargar la vida quizá un par de meses a base de pinchazos y no se sabe la calidad de vida que tendría durante ese tiempo. Estuvimos hablándolo y finalmente llegamos a la dolorosa decisión de que lo mejor para Robin era aplicarle la eutanasia. Lloré mucho porque ya le habíamos cogido mucho cariño; era una ninfa muy cariñosa.

Al día siguiente mi pareja y yo fuimos a despedirnos de él. Ambos lloramos mucho. Fue un momento muy triste.

No sé si hicimos lo correcto. Yo creo que sí. Ésta fue una de las situaciones más tristes y difíciles que hemos vivido con un animal.

 

Si podemos sacar algo de esta historia, es que tengamos a mano el teléfono y dirección de un buen veterinario en exóticos. El nuestro está a casi una hora de camino, pero vale la pena el esfuerzo. El otro consejo es que no esperéis demasiado: cuando veáis que algo no va bien, llevadlo cuanto antes al veterinario. A veces el tiempo es crucial.

 

Adiós Robin. No te olvidaremos.